Por Luis Herasme
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Martes, 17 de marzo 2026.
Este martes 17 de marzo de 2026 se conmemora el 51 aniversario del asesinato de Orlando Martínez, una de las voces más valientes y lúcidas del periodismo dominicano, recordado por su pensamiento crítico, su firme compromiso con la justicia social y su coherencia ética hasta las últimas consecuencias.
Martínez fue asesinado la noche del 17 de marzo de 1975, en la avenida José Contreras, en las proximidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en un hecho que estremeció a la sociedad dominicana y que con el paso de los años se convirtió en símbolo de la lucha contra la impunidad.
Su crimen estuvo estrechamente vinculado a sus ideas y denuncias. A través de sus escritos, especialmente en el periódico El Nacional, en el cual mantenía una columna de fuerte contenido crítico, Orlando cuestionaba con valentía las injusticias sociales y los abusos de poder en una época marcada por alta intolerancia a la libre expresión.
Orlando Martínez nació el 23 de septiembre de 1944 en Las Matas de Farfán. Tenía apenas 31 años al momento de su muerte; hoy tendría 81. Fue hijo de Luis Mariano Martínez y Adriana Howley, y hermano de Bélgica, Túcides (fallecido), Nelson y Sergio Martínez Howley.
Su asesinato permaneció durante años sin consecuencias judiciales, hasta que décadas más tarde el caso fue reabierto, logrando condenas contra varios de los responsables, lo que marcó un precedente importante en la lucha contra la impunidad en la República Dominicana.
En reconocimiento a su legado, en 2012 fue inaugurado en San Juan de la Maguana el Museo Plaza Orlando Martínez, espacio dedicado a preservar su memoria y a promover los valores por los que luchó.
Su nombre ha sido honrado en calles, centros educativos y espacios públicos, consolidándose como un referente moral para generaciones de periodistas y ciudadanos comprometidos con la verdad.
A 51 años de su partida física, Orlando Martínez sigue siendo un símbolo vigente.
Su vida y su muerte recuerdan que el ejercicio del periodismo con responsabilidad y valentía puede tener un alto costo, pero también deja una huella imborrable en la historia.
Su legado permanece vivo como semilla de conciencia crítica, justicia y dignidad en la sociedad dominicana.

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