La otra guerra contra Irán: la batalla por controlar la narrativa mundial



Por Luis Herasme
www.elfututo.net
Jueves, 5 de marzo 2026.

La guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán no solo se libra en el terreno militar. También se desarrolla en el campo de la narrativa política, donde cada declaración pública intenta moldear la percepción de la opinión internacional y de la propia sociedad estadounidense.

Desde el 1 de marzo, un día después de iniciada la guerra, el presidente estadounidense Donald Trump ha repetido que Irán “busca una negociación”. Sin embargo, esa afirmación ha sido desmentida por las autoridades iraníes, que insisten en que no negociarán bajo agresión militar y que el país está preparado para un conflicto prolongado.

Estas versiones contrapuestas forman parte de la batalla por el control de la narrativa del conflicto, en la que cada actor intenta proyectar ante el mundo la imagen de que su adversario se debilita mientras su propia estrategia avanza.

En las guerras de la posmodernidad, la información se ha convertido en un arma estratégica tan relevante como los propios sistemas militares. Presentar al enemigo como “dispuesto a negociar” o “en retroceso” puede servir para reforzar la percepción de éxito militar y político, incluso cuando el desenlace real del conflicto aún está lejos de definirse.

En la práctica, la dirigencia iraní ha advertido que continuará respondiendo a los ataques y que posee la capacidad y la disposición de sostener un enfrentamiento prolongado. Parte de esa narrativa se apoya en mostrar las herramientas estratégicas que aún conserva.

Entre esas herramientas destaca su capacidad de influir en el tránsito marítimo del Estrecho de Ormuz, debido a su cercanía geográfica. Por esa ruta energética circula cerca de una quinta parte o, para más claridad, alrededor del 20 % del petróleo que consume el mundo.

La posibilidad de una interrupción prolongada en ese corredor energético también forma parte de la dimensión estratégica del conflicto, ya que un bloqueo de meses provocaría fuertes tensiones en los mercados de la energía y un impacto significativo en la economía mundial.

De hecho, uno de los primeros efectos de la guerra ha sido el aumento del precio del petróleo, impulsado por el temor a interrupciones en el suministro energético del Golfo Pérsico. Para Estados Unidos, este factor es particularmente sensible, ya que el encarecimiento del crudo repercute directamente en el costo de la gasolina, el transporte y la inflación interna.

Si el conflicto se prolonga, las consecuencias económicas podrían intensificarse y generar efectos políticos dentro de Estados Unidos, especialmente en un contexto marcado por la cercanía de elecciones legislativas.

Esta disputa entre Estados Unidos e Irán por imponer una narrativa favorable alrededor de la guerra puede resultar tan decisiva como los propios enfrentamientos militares.

En esta batalla por el control del relato, todo aquello que logre imponerse como verdad tendrá un peso decisivo en la evolución del conflicto y en sus repercusiones económicas, sociales, políticas, psicológicas, culturales y religiosas.

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