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Miércoles, 14 de enero 2026.
La reaparición pública del presidente de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), Eduardo Hidalgo, en una concentración en Santo Domingo, tras casi dos años de silencio y bajo perfil, ha dejado una sensación inquietante entre amplios sectores del magisterio.
Su discurso, centrado en rechazar los planes del gobierno de fusionar el Ministerio de Educación (MINERD) con el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT), llamó la atención más por lo que dejó de decir que por lo que dijo.
Brillaron por su ausencia las principales aspiraciones del magisterio de escuelas y liceos públicos, entre las cuales salarios dignos, estabilidad laboral, salud y jubilación digna.
No se trata de minimizar la importancia del debate sobre una posible fusión ministerial. Ese es un tema que merece análisis.
Sin embargo, resulta legítimo preguntarse si esta es hoy la prioridad más urgente para el docente de aula, aquel que enfrenta diariamente salarios insuficientes, aulas sobrepobladas, infraestructura deteriorada y un sistema de seguridad social que no garantiza tranquilidad ni en el presente ni en el futuro.
Para muchos maestros, la respuesta es evidente: no lo es.
Mientras las condiciones de vida y de trabajo del magisterio continúan deteriorándose, la máxima dirigencia del gremio reaparece intentando movilizar a las bases por una causa que, aunque relevante en términos administrativos, no toca directamente la realidad cotidiana del docente.
Durante casi dos años, la presidencia de la ADP ha guardado silencio frente a los problemas estructurales del magisterio.
En el ámbito sindical, ese silencio no es neutro. El silencio es una postura política, y casi siempre termina favoreciendo al poder, no a los trabajadores.
Por eso, esta reaparición profundiza la percepción de una desconexión entre la dirigencia gremial y la base docente y de una traición al rol histórico de la ADP como instrumento de lucha por la dignificación del magisterio.
¿Cuándo se asegurará una jubilación digna para quienes han dedicado su vida a educar?
La ADP no puede perder de vista su razón de ser. Nació para defender de manera permanente los derechos y aspiraciones de los maestros y maestras.
Hoy, más que nunca, se necesita una dirigencia coherente, presente y alineada con las verdaderas prioridades de la base. De lo contrario, el distanciamiento seguirá creciendo y la historia, como siempre, terminará pasando factura.

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