Por Luis Herasme
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Domingo, 18 de enero 2026.
En medio de un clima internacional ya marcado por conflictos abiertos y tensiones acumuladas, Estados Unidos ha iniciado una nueva demostración de fuerza militar que apunta directamente a Irán y amenaza con desatar una guerra a gran escala que traería graves consecuencias a todo oriente y al mundo.
El despliegue del portaviones USS Abraham Lincoln, que se dirige desde el mar de la China Meridional hacia Oriente Medio, acompañado por destructores y buques lanzamisiles con capacidad para atacar objetivos estratégicos en todo el territorio iraní, es señal clara de que algo muy malo puede pasar pronto.
El grupo naval está está transitando el estrecho de Malaca y se espera en días esté en el área de operaciones del Comando Central de EE. UU. (CENTCOM).
A esta maniobra se suma el refuerzo de aviones bombarderos que habrían sido posicionados en la base de Diego García, mientras aviones de combate F-15 han sido desplegados en Jordania.
También ha sido detectado un notable incremento de vuelos de transporte militar pesado hacia la región del Golfo, lo que sugiere el traslado acelerado de armamento, municiones y recursos logísticos para un eventual escenario de guerra.
Washington y Londres han comenzado a evacuar personal no esencial de instalaciones militares en Catar, mientras se refuerzan sistemas antimisiles Patriot y THAAD en varios países del Golfo, anticipando posibles represalias iraníes.
La coordinación militar con aliados regionales, incluido Israel, se ha intensificado mediante centros de mando conjuntos y contactos directos con el Pentágono.
En paralelo, se han reportado anomalías en las señales GPS sobre el espacio aéreo iraní y actividades asociadas a guerra electrónica, lo que alimenta la percepción de que se están probando capacidades para cegar o degradar los sistemas de defensa de Teherán.
Todo este escenario se desarrolla mientras el discurso del presidente Trump se endurece y oscila entre la amenaza directa y la presión máxima, una combinación que ya ha demostrado, en otros conflictos, su capacidad para desestabilizar regiones enteras.
Aunque informes indican que en momentos recientes el propio Trump habría frenado opciones de ataque ante objeciones internas, la maquinaria militar sigue avanzando, dejando claro que la posibilidad de un error de cálculo sigue latente.
La historia reciente enseña que las guerras no siempre comienzan con una declaración formal, sino con acumulaciones de fuerzas, provocaciones cruzadas y decisiones tomadas bajo presión.
Hoy, la política de confrontación impulsada desde Washington no solo tensiona Oriente Medio; también arrastra al sistema internacional hacia un punto crítico,en el cual una chispa podría desencadenar una guerra de consecuencias globales, humanas y económicas difíciles de medir.

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