Por Luis Herasme
Viernes 30 de abril 2028.
En la antesala de las elecciones presidenciales de 2028 en República Dominicana, el escenario político opositor parece estar definido menos por la posibilidad de alianzas y más por una lógica de supervivencia.
Las las organizaciones que dominan ese espacio son el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo (FP). Ambas organizaciones, lejos de perfilarse como aliadas frente al oficialismo, se encaminan a una confrontación directa en la que el objetivo principal no es solo competir, sino evitar el colapso político.
Aunque formalmente son partidos de oposición frente al gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM), en la práctica PLD y Fuerza del Pueblo actúan como rivales estratégicos.
La lucha no se limita a desplazar al oficialismo, sino a definir quién ocupará el segundo lugar, posición clave en un sistema de doble vuelta.
En ese contexto, alcanzar la segunda ronda electoral, o al menos consolidarse como principal fuerza opositora, se convierte en un objetivo existencial.
Quedar en tercer lugar podría significar, para cualquiera de los dos, una marginación prolongada del poder, con riesgos reales de debilitamiento estructural o incluso desaparición política a largo plazo.
Las tensiones entre ambas organizaciones no son coyunturales. Se remontan a la crisis interna del PLD en 2019, que culminó con la salida de Leonel Fernández tras unas primarias altamente disputadas frente a Gonzalo Castillo.
Aquel proceso, marcado por resultados estrechos, derivó en una ruptura que aún hoy condiciona cualquier intento de entendimiento.
La posterior alianza electoral de 2024, definida incluso por Danilo Medina como una unión de “macos y cacatas”, evidenció la falta de cohesión real.
Hoy, la desconfianza sigue siendo fuerte y pesa más que cualquier intento de unirse.
En el corto plazo, no se vislumbran acuerdos ni en el nivel municipal, ni congresual, ni presidencial. Cada partido parece decidido a medir fuerzas en solitario desde antes de la primera vuelta.
Tampoco resulta claro que, en caso de una segunda ronda electoral, el partido que quede fuera respalde al otro. La lógica predominante apunta a que la derrota de uno podría ser vista como una oportunidad estratégica por el otro para reposicionarse como única alternativa opositora de cara a 2032.
Esta coyuntura representa, objetivamente, una ventaja para el PRM.
Mientras PLD y Fuerza del Pueblo libran una batalla de resistencia, el oficialismo observa un panorama que, al menos por ahora, le resulta políticamente conveniente.|
De cara a 2028, más que una contienda tradicional, el proceso electoral podría convertirse en una competencia por la supervivencia política. En ese tablero, el segundo lugar adquiere un valor estratégico determinante.
La pregunta no es solo quién ganará las elecciones, sino quién logrará mantenerse relevante en el sistema político dominicano.

Blogger Comment
Facebook Comment