Por Luis Herasme
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Sábado, 3 de enero 2025
Caracas / Internacional
Venezuela y diversos países de la comunidad internacional condenaron de manera enérgica el bombardeo ejecutado por Estados Unidos contra territorio venezolano en la madrugada de este sábado, una acción militar sin precedentes que ha dejado víctimas civiles y militares, severos daños a infraestructuras estratégicas y la captura del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, Cilia Flores, según confirmaron autoridades venezolanas.
La vicepresidenta ejecutiva de la República, Delcy Rodríguez, calificó el ataque como una “gravísima agresión militar” y una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, en particular de los principios de soberanía, igualdad jurídica de los Estados y prohibición del uso de la fuerza.
Rodríguez confirmó que el presidente Maduro y su esposa fueron secuestrados por tropas estadounidenses y que hasta el momento se desconoce su paradero, por lo que exigió a Washington “prueba de vida inmediata” de ambos.
Durante la madrugada, Caracas fue escenario de múltiples ataques aéreos que impactaron zonas estratégicas como Fuerte Tiuna y la base aérea de La Carlota, así como los estados La Guaira, Miranda y Aragua.
Durante la madrugada, Caracas fue escenario de múltiples ataques aéreos que impactaron zonas estratégicas como Fuerte Tiuna y la base aérea de La Carlota, así como los estados La Guaira, Miranda y Aragua.
En redes sociales circularon numerosos videos que mostraban columnas de humo, explosiones y el sobrevuelo de helicópteros y aviones de combate sobre la capital. Testigos indicaron que, aunque los bombardeos cesaron, persistía una intensa actividad aérea.
Rodríguez informó que la operación militar provocó la muerte de varios soldados venezolanos y civiles, a quienes calificó como “víctimas directas de una agresión letal planificada por el Pentágono”, tras meses de presión militar en el mar Caribe bajo el argumento de una supuesta lucha contra el “narcoterrorismo”.
En un comunicado oficial, el Gobierno venezolano advirtió que la agresión estadounidense “amenaza gravemente la paz y la estabilidad de América Latina y el Caribe” y sostuvo que el verdadero objetivo del ataque es “apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, especialmente su petróleo y minerales, mediante la fuerza y el quiebre de la independencia nacional”.
Ante la gravedad de los hechos, las autoridades decretaron el estado de conmoción exterior en todo el territorio nacional, con el objetivo de garantizar el funcionamiento de las instituciones, proteger a la población y prepararse para la defensa integral del país.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, rechazó lo que calificó como un ataque “ruin, cobarde y criminal”, y aseguró que se trata del “ultraje más grande” sufrido por Venezuela en su historia reciente. Denunció que misiles estadounidenses fueron lanzados contra zonas urbanas con población civil y afirmó que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana cuenta con todas las capacidades para responder y defender la soberanía del país.
Desde Washington, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó la operación militar, el bloqueo naval contra Venezuela y la captura de Nicolás Maduro y su esposa, calificando la acción como “una operación brillante”. Medios estadounidenses informaron que la detención fue ejecutada por la unidad de élite Delta Force y que ambos fueron trasladados fuera del país. Posteriormente, autoridades judiciales de EE.UU. anunciaron que Maduro y Cilia Flores fueron inculpados en el Distrito Sur de Nueva York.
La agresión generó una inmediata reacción internacional. Rusia repudió el ataque y defendió el derecho del pueblo venezolano a decidir su destino sin intervención externa, reiterando que América Latina debe seguir siendo una zona de paz. Irán calificó la acción como una clara violación del derecho internacional y de la Carta de la ONU, mientras que Cuba denunció lo que llamó “terrorismo de Estado” y exigió una respuesta urgente de la comunidad internacional.
En la región, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, anunció el despliegue de fuerzas asistenciales en la frontera ante un posible flujo masivo de refugiados. En contraste, el presidente de Argentina, Javier Milei, celebró públicamente la operación estadounidense y la captura de Maduro, lo que ha generado fuertes críticas en distintos sectores políticos y sociales.
Mientras crece la tensión internacional y se multiplican los llamados a una condena global, Venezuela insiste en que se trata de un intento de imponer por la fuerza un cambio de régimen y reafirma que, pese a la agresión, el país se mantiene en defensa de su soberanía, independencia y autodeterminación.
Rodríguez informó que la operación militar provocó la muerte de varios soldados venezolanos y civiles, a quienes calificó como “víctimas directas de una agresión letal planificada por el Pentágono”, tras meses de presión militar en el mar Caribe bajo el argumento de una supuesta lucha contra el “narcoterrorismo”.
En un comunicado oficial, el Gobierno venezolano advirtió que la agresión estadounidense “amenaza gravemente la paz y la estabilidad de América Latina y el Caribe” y sostuvo que el verdadero objetivo del ataque es “apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, especialmente su petróleo y minerales, mediante la fuerza y el quiebre de la independencia nacional”.
Ante la gravedad de los hechos, las autoridades decretaron el estado de conmoción exterior en todo el territorio nacional, con el objetivo de garantizar el funcionamiento de las instituciones, proteger a la población y prepararse para la defensa integral del país.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, rechazó lo que calificó como un ataque “ruin, cobarde y criminal”, y aseguró que se trata del “ultraje más grande” sufrido por Venezuela en su historia reciente. Denunció que misiles estadounidenses fueron lanzados contra zonas urbanas con población civil y afirmó que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana cuenta con todas las capacidades para responder y defender la soberanía del país.
Desde Washington, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó la operación militar, el bloqueo naval contra Venezuela y la captura de Nicolás Maduro y su esposa, calificando la acción como “una operación brillante”. Medios estadounidenses informaron que la detención fue ejecutada por la unidad de élite Delta Force y que ambos fueron trasladados fuera del país. Posteriormente, autoridades judiciales de EE.UU. anunciaron que Maduro y Cilia Flores fueron inculpados en el Distrito Sur de Nueva York.
La agresión generó una inmediata reacción internacional. Rusia repudió el ataque y defendió el derecho del pueblo venezolano a decidir su destino sin intervención externa, reiterando que América Latina debe seguir siendo una zona de paz. Irán calificó la acción como una clara violación del derecho internacional y de la Carta de la ONU, mientras que Cuba denunció lo que llamó “terrorismo de Estado” y exigió una respuesta urgente de la comunidad internacional.
En la región, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, anunció el despliegue de fuerzas asistenciales en la frontera ante un posible flujo masivo de refugiados. En contraste, el presidente de Argentina, Javier Milei, celebró públicamente la operación estadounidense y la captura de Maduro, lo que ha generado fuertes críticas en distintos sectores políticos y sociales.
Mientras crece la tensión internacional y se multiplican los llamados a una condena global, Venezuela insiste en que se trata de un intento de imponer por la fuerza un cambio de régimen y reafirma que, pese a la agresión, el país se mantiene en defensa de su soberanía, independencia y autodeterminación.

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