Por Luis Herasme
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Domingo, 1 de febrero 2026.
Cuando la política de partidos es concebida como un negocio y no como una vocación de servicio, pierde su esencia y se convierte en una herramienta de conveniencia personal que destruye naciones.
La degradación de la política es uno de los mayores obstaculos para la vida institucional y el desarrollo social y económico de la República Dominicana.
Quienes practican la política desde esta lógica mercantil no responden a ideas ni a proyectos de nación. Sus lealtades son débiles y transitorias, porque en ellos no priman intereses por la nación, sino los propios.
Hoy defienden una organización, mañana la abandonan, si las circunstancias cambian, y pasado mañana se refugian donde haya mayores oportunidades de poder o privilegios. Estos asaltantes de la política, no construyen institucionalidad, la utilizan; no fortalecen los partidos, los desgastan desde dentro.
Esta conducta ha contribuido al descrédito de la política dominicana ante una ciudadanía cada vez más crítica y desconfiada.
El transfuguismo, el clientelismo y la utilización del Estado como botín electoral, se ensancha sin tregua, y pocos conciben el Palacio Nacional como espacio supremo para el bien común.
Gobernar no es administrar favores ni repartir cuotas ni desfalcar el Estado, sino tomar decisiones que impacten la vida de millones de ciudadanos que demandan coherencia, sacrificio y vocación de servicio para el desarrollo y la justicia social.

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