Por Luis Herasme
Miércoles, 22 de abril 2026
En la República Dominicana, la mayoría de la gente vive en lo que popularmente se conoce como “el día a día”.
En medio de ese corre-corre, hay algo que pasa casi sin darnos cuenta.
Mientras aquí estamos resolviendo lo nuestro, en lucha doméstica para poder sobrevivir en el día a día, el mundo está metido en un gran "berenjenal", con una guerra que está geográficamente lejos de nosotros, pero que ya está complicando el propio día a día de los dominicanos y dominicanas, con más alzas de las gasolinas, los alimentos, el transporte y la electricidad.
En la República Dominicana, la mayoría de la gente vive en lo que popularmente se conoce como “el día a día”.
Aquí se amanece pensando en cómo se va a resolver, cómo se paga lo pendiente y cómo se hace "rendir" lo poco que entra.
Cuando la presión aprieta demasiado, no queda de otra que “botar el golpe”, distraerse un rato para no volverse loco con tantos problemas, porque al dominicano el "zapato" le aprieta fuerte.
En medio de ese corre-corre, hay algo que pasa casi sin darnos cuenta.
Mientras aquí estamos resolviendo lo nuestro, en lucha doméstica para poder sobrevivir en el día a día, el mundo está metido en un gran "berenjenal", con una guerra que está geográficamente lejos de nosotros, pero que ya está complicando el propio día a día de los dominicanos y dominicanas, con más alzas de las gasolinas, los alimentos, el transporte y la electricidad.
Este conflicto en oriente medio, puede parecer ajeno, pero después lo sentimos cuando todo se pone más caro o cuando la economía se aprieta más. Al final, cuando "el agua está hasta el cuello”.
El asunto es que muchas veces no conectamos una cosa con la otra. Nos preocupamos más por lo que tenemos al frente, que es lógico, pero se nos escapa el panorama completo.
El asunto es que muchas veces no conectamos una cosa con la otra. Nos preocupamos más por lo que tenemos al frente, que es lógico, pero se nos escapa el panorama completo.
Esta realidad recuerda un pasaje bíblico muy conocido que habla de cómo la gente seguía en su rutina, comiendo, bebiendo, casándose— sin darse cuenta de lo que venía.
El reto está en encontrar un balance: seguir en la lucha diaria, porque nadie puede soltar eso, pero también sacar un momento para entender qué está pasando más allá de nuestro entorno.
En tiempos como estos, donde todo está conectado, no basta con “irla llevando”. También hace falta saber hacia dónde vamos.
El reto está en encontrar un balance: seguir en la lucha diaria, porque nadie puede soltar eso, pero también sacar un momento para entender qué está pasando más allá de nuestro entorno.
En tiempos como estos, donde todo está conectado, no basta con “irla llevando”. También hace falta saber hacia dónde vamos.
