Una derrota narrada como una victoria.


Por Luis Herasme
www.elfututo.net
Martes, 31 de marzo 2026.

En política internacional, perder no siempre significa admitir que se perdió. 

A veces, la derrota se envuelve, se maquilla y se presenta como si fuera otra cosa, como cuando alguien sale de una pelea golpeado, pero insiste en que “eso fue un empate” o en que "le pegó un golpe duro en la boca del estomago al adversario". 

Bajo esa lógica se perfila la actual postura de la Casa Blanca frente a la guerra que impuso a Irán. 

En el nuevo relato, se evidencia que Estados Unidos prepara una retirada que, en los hechos, tiene sabor a fracaso, pero que en el discurso se vende como éxito.

El giro del presidente Donald Trump no es improvisado; es una jugada calculada. Cuando vio que las cosas no iban como se esperaba, cambió el enfoque.

 Al comienzo se hablaba de algo grande: debilitar al gobierno iraní, provocar divisiones internas y empujar un cambio de poder. 

Ahora, en cambio, se plantea un objetivo más sencillo y fácil de defender: frenar el desarrollo de armas nucleares, en torno a cuyo señalamiento la administración Trump no ha presentado evidencias  que demuestren que estuviera en marcha. 

Con la meta reducida sobre la mesa, Trump dice que "misión cumplida", mientras Irán resiste y pelea tanto o más que en el primer día de la guerra, que inició el 28 de febrero de este 2026.

En pocas palabras, se baja la vara para poder decir que fue saltada.

Una cosa fue el discurso inicial que justificó la intervención, y otra muy distinta es el resultado que hoy se tiene sobre la mesa.

Porque si el objetivo real era destruir las columnas que sustentan el sistema político iraní. nacido tras la Revolución de 1979, lo cierto es que el edificio sigue en pie y suficientemente firme.

Los bombardeos no han provocado el colapso esperado. No ha habido quiebre decisivo, ni insurrección interna, ni señales de que el poder en Teherán caería. 

Por el contrario, la presión de Estados Unidos e Israel, reforzó el discurso de resistencia y unificó como nunca a todos los iraníes en la defensa de su soberanía y su destino. 

El poder militar, especialmente el poder aéreo, tiene techo, un límite. Puede golpear, desgastar, generar "miedo", pero no siempre logra cambiar estructuras profundas.

La insistencia en que “la misión fue cumplida” no es realidad, es una salida política que pretende revertir la creciente percepción mundial de la derrota.

En medio de este callejón de salida difícil para Estados Unidos, se achica la meta para poder cruzarlo. En buen dominicano: “si no pude llegar a Neiba, digo que iba para Azua”.

Las señales de una retirada cercana, planteada en cuestión de semanas, refuerzan esa lectura. 

Para la Casa Blanca, armar este relato debe ser  tarea fundamental en su intento de evitar que se perciba una derrota. 

Buscan sembrar la impresión de que no se abandona el escenario, se “culmina la misión”; no se retrocede, se “cumple el objetivo”.

Sin embargo, más allá de las palabras, los hechos  dirán con insistencia que no hubo cambio de régimen, no se alteró el equilibrio político interno de Irán y el adversario continúa en pie  y muy fuerte. 

En todo caso, esta no será la narrativa de una victoria, sino la de una derrota bien contada por quines jamás hubieran iniciado la guerra de haber de haber avistado la pesadilla actual de sus actos. 


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