Todos saben que Lula es inocente, honesto y correcto.



Por Luis Herasme.



El ex presidente Luiz Inacio Lula Da Silva, es inocente. Lo saben quienes han colocado a Brasil, desde el 2016, en la mayor crisis política y de credibilidad en las instituciones civiles y militares, desde la última dictadura militar (1964-1985), hace 33 años. 

Lo saben los fiscales y los jueces que lo condenaron a 12 años de prisión. Lo saben las élites del empresariado, el Congreso, los políticos que le adversan, el impopular e ilegitimo presidente Michel Temer, las jefaturas del Ejército y la Policía.

Conocen que es falso que Lula haya recibido de regalo un apartamento de parte de la Constructora OAS, cuando era presidente, ni como soborno ni bajo ninguna otra condición.

Todos saben que Lula es honesto y correcto. Saben que durante su mandato de dos períodos consecutivos 2003-2010, fue la bujía del nuevo Brasil de la esperanza, del desarrollo y crecimiento económico, de la solidaridad y del respeto a las instituciones. Fue el impulsor de la creación de una fuerte clase media y el principal responsable de que más de 30 millones de brasileños salieron de la pobreza.

Con Inacio Lula y luego con Dilma, el orgullo de Brasil resurgió, tras permanecer durante décadas cabizbajo, de abismos en abismos económicos.

Da Silva, quien desde el Sindicato de Obreros Metalúrgicos, fundó el Partido de los Trabajadores (PT), es víctima de la mayor injusticia y persecución política contra un ex presidente y líder en las últimas tres décadas, desde que fue recobrada la vida democracia en el año 1985. 

Con la injusta condena de 12 años de cárcel, quieren impedirle el retorno a la presidencia, porque les duele y odian su alto carisma, su preferencia a favor de los pobres y sus ideas de justicia social. No le perdonan que siendo un obrero, sin haber ido a una universidad, haya superado a todos los presidentes "profesionales" de títulos universitarios que le antecedieron. 

Lo calumnian y lo condenan en el afán de "cerrarle el paso político", en un descontrol emocional de insensatez y soberbia. Quieren matar su prestigio y convertirlo en cadáver, pero sus persecutores están conscientes de que el líder, a quien físicamente apresan, es inocente, honesto, correcto y progresista.

Si los acontecimientos por venir en las semanas o meses siguientes no favorecieran la puesta en libertad de Lula, previo a los plazos para oficializar su candidatura a la Presidencia, entonces otro u otra habrá de encabezar la antorcha hacia una victoria altamente posible, porque, citando una frase del propio líder brasileño, "ellos no saben que hay miles de Lula, que mis ideas ya están en el aire y mi corazón va a latir con ustedes".


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