José Antonio Matos, escribe: " Clerén, Triculì y Pitrinchi".



POR JOSE ANTONIO MATOS PEÑA.

El Clerén, Triculí y Pitrinchi, son tres bebidas artesanales, sin ninguna regulación, populares en el gusto de una parte importante del pueblo, en la que se incluye mayoritariamente a la masa pobre, pero que tiene seguidores en diferentes estratos sociales, sobre todo el primero, reputado por muchos, como “otra cosa”, desde el famoso 22-22, como se denominaba anteriormente al supuesto mejor clerén que se encargaba a la frontera, desde muchos años atrás, más un clerén llamado de maíz, hecho en Haití con trazas o suplemento de agua puesta a macerar en maíz molido y adicionado a la mezcla a destilar, más el de maguey, hacho de forma parecida, con la diferencia de que el Maguey es usado en ínfima cantidad, pero quemado al adicionarlo.
Tanto el clerén, como el triculì, este último bautizado por el pueblo como tusita, más me rinde, Sanyan, y el del suelo, al momento de su compra, porque la ilegalidad relativa hace que el colmadero lo tenga en el rincón, mientras el ron sellado o legal les llaman “el guindao”, ò guindado por tenerlo en exhibición en el tramo; tienen la misma fuente de inicio, azúcar, Sacarosa y el medio de fermentación o acelerador, la levadura; para el Triculì por ejemplo, se hace un tanque de esos de 55 galones ò cincuenta galones dominicanos, a cerca de mitad, agua y azúcar, en su defecto, caña, preferiblemente chamuscada ò semi-quemada, con lo que logran un toque especial, al igual que en su inicio de fermentación, la cual lleva entre ocho ò 30 días, en ocasiones lo destilan a cuatro días, también agregan uvas o maíz; nos informan tres importantes munícipes de Los Ríos que para elaborar doce galones de Triculì usan cien libras de azúcar parda y una latita de levadura, puestas a fermentar en un tanque cerrado casi totalmente, se convierte en una peligrosísima bomba, su producción de alcoholes conlleva un cambio de fase o estado físico con lo que aumenta su volumen, llegando a explosionar e incendiar enormemente su derredor, en Neiba se conoce la muerte de al menos un ciudadano y en los Ríos hubo un fabricante, hacen ya muchos años, que observó el hinchamiento del tanque de fermentación, puso pié en polvorosa y a la distancia oyó el gran estruendo más al mirar, las grandes llamas, ahí dejó para siempre la industria con la cual mantenía su familia.

La destilación del Triculì tiene dos formas conocidas por nosotros, la primera, fermentado ya, el tanque es puesto al fuego, una tubería de metálica salida hermética del mismo, corre en espiral por dentro de una regola de aguas frescas y a distancia prudente, la otra parte o extremo de la tubería termina en un galón u otro recipiente donde cae el condensado, que no es más que etanol con trazas de otros alcoholes de cadenas de carbono diferente, superior a dos carbonos, contienen propanol, butanol, alcohol amílico, etcétera, llamados éstos, aceites de Fusel ò alcohol de fusel, por los cuales, en toda fabricación de ron, debe almacenarse y envejecerse por meses en barricas de roble, madera ésta, que produce la capacidad de contrarrestar los aceites fusel, que son dañinos a la vista del humano; la otra forma de destilación artesanal lo es con una lata llena de mezcla fermentada, en su parte superior una tapa semi-hermética y más abajo de ella otro embase, tipo plato hondo para recibir el condensado o vómito, esto constituye una pequeña y unitaria torre de destilación; como es natural, trazas de lo destilado es los alcoholes referidos ya, por arrastre, la ley física que establece este proceso consiste en que “cuando se aplica calor a una solución o mezcla, todo el calor aplica en evaporar el líquido de menor punto de ebullición, en el caso el de menos es el alcohol etílico; es importante observar que en esa destilación, la primera parte del condensado es un alcohol de alta concentración y que paulatinamente va disminuyendo hasta niveles muy bajos de concentración con el agua.

La otra bebida, si es que se le puede llamar así, es el Pitrinchi, nombre que lo asocié siempre al triculì, pero ahora, al decir de Rigoberto Cuevas, Dichoso y Negro, que el Pitrinchi es la única Bebida que se fabrica caminando, la cual consiste en verrón y azúcar, ¡qué veneno!...

El triculì fue y al parecer sigue siendo un medio ilegal y peligroso, de vida de ciudadanos, la cual ha ido perdiendo espacio al verse casi despenalizada en la frontera y el país, el Clerén, su consumo se ha masificado y sus daños entronizados en la población, daños a largo y mediano plazo, y daños inmediatos como el de los días que discurren, que cuentan 12 muertes en Pedro Santana, reporte de 33 afectados y sospechas de que son muchos más y que puede extenderse a cualquier lugar como se extienda el producto; al momento de estas letras se anuncia de dos muertes más en Santiago, que son parientes de los fenecidos.


Me late o supongo, que producto de la precariedad e informalidad que envuelve el comercio, tráfico y consumo de esa bebida, la intoxicación actual proviene de embase contaminado, según parece, con Metanol, probablemente al reembasarlo se echó en utensilios con contenidos tóxicos, es la práctica, solo hay que ir a la frontera, donde los venden, embases plásticos hasta con limo, ¡qué control hay?. Medidas a tomar: 1.- prohibición de su consumo. 2.- batida nacional decomisando y destruyendo la existencia que haya en el país y 3.-Cordon de control de trasiego en toda la frontera.

El autor es Ingeniero y comunicador, reside en Neiba.
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Sobre Luis Herasme

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