No existe ningún peligro de invasión política haitiana.


Por Fernando Fernández Duval.

La cuestión haitiana reviste mucho interes de tiempo de los lados Este y Oeste de la Hispaniola, no solo por la historia que protagonizaron los dos pueblos que la habitan, República Dominicana y Haití, que fueron germinando de forma diferente con fisonomía racial, lingüística y religiosa, a sangre y fuego por el dominio y la esclavitud colonial que padecieron indistintamente de España y Francia, sino también por la presencia de una permanente y sistemática corriente migratoria de trabajadores haitianos hacia nuestro país con un solo propósito, la búsqueda de trabajo.

Esa corriente migratoria se inició en los primeros veinte años del siglo pasado con la modernización de los ingenios azucareros que demandaban mano de obra barata para la industria azucarera a partir de la invasion norteamericana de 1916 y se fue consolidando durante la tiranía de Trujillo, cuyo gobierno, a traves de contratos con el Estado haitiano, lograba de forma regular abastecerse de mano de obra para ocuparlas en los campos de caña de azucar propiedad de los ingenios, la mayoría del dictador. 

Con la transformación de la industria azucarera como pilar de la economía dominicana y la diversificación de las actividades económicas, la migración laboral haitiana también cambió de rumbo, ya que en lugar de la confinación de los trabajadores haitianos en los campos azucareros, bateyes, estos pasaron entonces a dirigirse a otras zonas rurales y en especial a la urbana para trabajar en las plantaciones agropecuarias, especialmente en las fincas de café, arroz, banano, en la ganaderia y en el sector de la construcción y en el turismo. 

De mediado de la década de los ochenta del siglo XX a la fecha, la migración haitiana comenzó a cambiar como cambiaron los pilares de la economía, basada en las exportaciones de azúcar, cafe y cacao, según los estudios de Wilfredo Lozano, Franc Baez Everts, Ruben Silie y otros; de esos estudios se deduce que, en primer lugar, la migración haitiana no representa peligro alguno de invasión política para ocupar y adueñarse de la parte este de la isla.

Este ha sido históricamente un fenómeno recurrente que lleva mas de cien años y esa invasión no se ha concretado, pues, es, en segundo lugar, resultado de la simetría de los niveles de desarrollo entre los dos países, donde la dirección de la migración se orienta al país mas desarrollado, como establecen los estudios sobre migracion, tal como se demuestra de la migración de dominicanos a EEUU, a Puerto Rico y España, de mexicanos y centroamericanos hacia EEUU, de africanos a España y al resto de Europa, de españoles al Reino Unido, de bolivianos a Argentina, de peruanos a Chile, etc. 

Por esa razón me alarmo considerablemente del celo que despiertan algunos dominicanos, exhibiendo una actitud rabiosamente antihaitiana, generalmente alimentada por la clase dominante dominicana que vive de la ilegalidad de esa mano de obra en complicidad con el Estado, como en Haití, que frente a la dura situación que viven los haitianos, la clase dominante de ese país, en lugar de proporcionar los medios para mejorar la situación de sus compatriotas, estimulan la migración a cualquier parte del mundo como una forma de abrir el grillete de la presión social.

De manera que en ambas clases dominantes observamos altos niveles de perversidad debido a que mientras alimentan la fobia nacionalista, le sacan provecho, los dominicanos reduciendo los costos económicos y sociales para hacer competitiva su economía y los haitianos para mover sus negocios y acumular riquezas en sus bolsillos con las remesas que envían sus compatriotas desde el extranjero.